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miércoles, 24 marzo 2013

Venezuela, en 'calentón electoral'

Artículo de Gustavo Palomares, publicado en el Periódico “El Tiempo”

Gustavo Palomares Lerma, Presidente del IAEE, analiza el actual escenario electoral de Venezuela.

La denuncia de Maduro sobre el ‘complot’ urdido por los embajadores Roger Noriega y Otto Reich, el Pentágono y una célula de la CIA para asesinar al líder y candidato opositor venezolano Henrique Capriles es otra prueba del nivel de enconamiento y del ‘vale todo’ al que parecen condenadas estas elecciones sobrevenidas en Venezuela. Sin embargo, por otro lado, no sería la primera vez que una operación orquestada por la CIA –al margen también de un carismático presidente demócrata– condiciona a una Administración estadounidense en lo que, durante la ‘fría’ contienda se denominó la ‘batalla’ continental.

Es claro también que esa práctica intervencionista ha alentado en América Latina el imaginario de los regímenes denominados de izquierdas, comunistas o, incluso, populistas con decidida vocación social. La estrategia de “cerrar filas” frente al enemigo exterior siempre ha dado espléndidos resultados políticos, pero con ruinosas consecuencias económicas. Y, sobre todo, si esa perniciosa dinámica acción-reacción venía alimentada con acosos o embargos tácitos o expresos.

Llegados a este punto de clara falta de voluntad gubernamental para establecer las bases mínimas de institucionalidad durante el postchavismo –con Chávez ‘corpore insepulto’–, parece inútil, pero muy conveniente, reclamar ahora los pactos mínimos imprescindibles para que esta campaña no se “vaya de las manos” y acabe en un mayor choque civil del ya existente, incluso con el coste en pérdidas humanas que, de seguir así, puede tener.

Probablemente, como es lógico en el apasionamiento caribeño, no llegue la “sangre al río” y todo esto sea fruto del calentón electoral, pero, aun así, llegados a este punto de enconamiento nacional, es muy deseable sentar unas bases mínimas o ‘líneas rojas’ infranqueables en el juego electoral. Mucho más, incluso, a tenor del muy discutido papel jugado por el Consejo Nacional Electoral en anteriores consultas.

No parece que la dialéctica de enfrentamiento seguida por Capriles ante las provocaciones de Maduro surta el mismo efecto que tiene dentro del oficialismo, “cerrando filas” ante la tentación para propiciar un distinto reparto de la herencia de Chávez aprovechando el lance electoral. Por no hablar de las altas ‘facturas’ que en este periodo sucesorio consultivo puedan presentarse por ciertos servicios prestados en la consolidación del nuevo liderazgo bolivariano.

Una estrategia de enfrentamiento sistemático y crispación es un escenario solo deseable para aquellos intereses que se mueven cómodos en las ‘distancias cortas’ y en el ‘intercambio de golpes’ para sumar puntos en cada ‘round’ y ganar así finalmente el combate.

El gran apoyo electoral que ha logrado reunir la Mesa de Unidad Democrática y, sobre todo, el apoyo potencial electoral que pudiera darle la victoria en estas o en posteriores elecciones –teniendo en cuenta que, probablemente, este sea más un proyecto a mediano plazo–, debe alejarse de la vieja politiquería bipartidista para estar cimentado en una práctica de cohesión electoral en la defensa de un programa con una alta ‘carga’ de programas sociales transformadores y una gran implicación de les sectores más jóvenes, tanto de la clase media profesional, como estudiantil, y la clase trabajadora. En conclusión, disputarle al chavismo su principal base electoral desde una visión moderna que combine eficacia económica y justicia social, en la búsqueda de una mayor seguridad jurídica y principalmente física. Esta última es, según la mayor parte de los venezolanos, el principal problema que afronta ese país.

© Instituto de Altos Estudios Europeos (IAEE)