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miércoles, 11 septiembre 2013

11-S y el efecto jiu-jitsu

A doce años del 11-S, en plena preparación de la campaña bélica contra Siria, la sombra de los aviones impactando en las torres continúa presente en el imaginario estadounidense y mundial.

Doce años después, Estados Unidos y una gran parte de Occidente no han aprendido de sus errores y están pensando en otra aventura en Siria como siguiente paso en la gestión poco acertada del posconflicto en donde —con Bin Laden muerto y Al Qaeda debilitada— vivimos en un mundo más peligroso e inestable que antes de la caída de las torres. La sombra del fracaso en las intervenciones en Afganistán en noviembre de 2001 y de la invasión injustificada e ilícita en Irak en 2003 se refleja sobre la próxima, “inevitable”, en Siria. Conflictos que se vuelven inacabables en los que Estados Unidos y sus aliados no han sabido estar y, lo que es igual de grave, tampoco han sabido marcharse, a tenor de la descoordinación en la salida y sus efectos.

Hoy, la conclusión de las intervenciones desarrolladas por Estados Unidos y aliados, aplicable también a la probable intervención en Siria, es que estamos más cerca de “estados fallidos”, pasto de señores y clanes de la droga y de la guerra devorados por los conflictos —como ocurre en Afganistán e Irak—, que de los estados democráticos estables que prometimos construir.

Ya lo decía Joseph Nye (Soft Power: The Means to Success in World Politics) cuando señalaba —siguiendo la lógica de la política jiu-jitsu, en la que un combatiente más pequeño utiliza la fuerza de un rival mayor y poderoso para derrotarlo—, que Irak y Afganistán fueron un regalo al integrismo islámico. Hacer caer a EE.UU. en una “guerra santa” demostró ser un terreno fértil para los yihadistas.

Doce años después, incluso con posterioridad a las revueltas árabes, con la caída de algunos de los tiranos asociados históricamente al terrorismo y con la retirada progresiva de otros, como ocurriera en la fábula de Esopo del león y el ratón, el vencido puede pasar a ser vencedor en poco tiempo. La política jiu-jitsu: grupos significativos de los que fueron o siguen siendo opositores en Libia, Túnez, Egipto, Siria y Yemen tienen vínculos con células de Al Qaeda o forman parte de los Hermanos Musulmanes más radicales.

Después de lo vivido en Egipto, ¿alguien está en condiciones de asegurar que los nuevos estados y gobiernos surgidos de la “Primavera Árabe” practicarán la moderación laica y serán amigos cercanos de Estados Unidos y de Occidente? ¿Alguien tiene alguna duda de que la oposición en Siria ha sido progresivamente controlada por Al Qaeda y que una intervención de Estados Unidos convertiría a ambos en aliados frente a Bashar al Asad? Vivir para ver, doce años después.

En este momento de cierto “olor a pólvora”, es necesario reconocer que el discurso y las realidades de la administración Obama han sido incapaces de introducir esos cambios necesarios que lleven a Estados Unidos a encontrar un nuevo liderazgo en el sistema internacional.

Artículo de Gustavo Palomares (Presidente del IAEE), publicado en el diario “El Espectador” (11/09/13).

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